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La balada de la Brigada Lincoln
"La balada de la
Brigada Lincoln"

Satchmo Jazz, 2000


Juan Camacho, Guitarra y guitarra sintetizada
Fernando Berruezo, Saxos tenor y soprano
Alejandro López Román, Piano y órgano
Miguel Ruiz de Elvira, Bajo
Sergio Graña, Batería
Tommy Caggiani, Percusión

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Temas:

Las imaginaciones de Faruk el solitario
El cascador de avellanas, cazador de lagartijas, terror de patos [fragmento]
Aventura en Santa María
Relato del viaje
Una tarde con Damian
¿A dónde van las almas? (en Ruanda)
Oda al oso polar [fragmento]
La balada de la Brigada Lincoln [fragmento]
De la vida de los elefantes [fragmento]
Sarajevosrebrenica

TODOS LOS TEMAS COMPUESTOS POR JUAN CAMACHO


Créditos:

Producido por Juan Camacho y Miguel Ruiz de Elvira.
Editado por Joan Ballesté Durán, Satchmo S.L..
Productor Ejecutivo: Josep Ramón Jové.
Grabado y Mezclado en Julio - Octubre de 1999 en "La casa del crimen".
Grabado por Miguel Ruiz de Elvira.
Mezclado por Miguel Ruiz de Elvira y Juan Camacho.
Diseño: Juanjo Melgar.
Fotografía de portada: "Brigadistas sentados y firmando abanicos" © Archivo histórico del P.C.E..
Fotografía del grupo: Neisha El-Hadri.

Agradecimientos: A Marina Camacho, Mercedes Fernández Isla, Alicia Redondo, Patricia Perán. A Miguel Ruiz de Elvira por su inestimable dedicación y compromiso con el proyecto. A Alejandro, Fernando, Miguel, Sergio y Tommy par haber prestado su talento, sensibilidad, su arte y su camaradería, así como su paciencia (infinito todo). Sin ellos ni el disco ni todos los magníficos momentos habrían existido. A Josep Ramón Jové, par su confianza y apoyo y a Juanjo, de Satchmo. A todos los que me animaron a seguir en la batalla.

Dedicado a: La ciudad de Bogotá. A las víctimas de las guerras, de los tiranos y de la miseria. A Juan Antonio Roda y el condominio de Suba. A Joe Morris. A las Brigadas Internacionales. A Charlie Haden.


Notas al libreto:

No me resulta casual el subtítulo del último disco de Juan Camacho "Canciones de Combate y otros himnos". No en vano a Juan Camacho le conocí hace unos años en plena campaña militar, combatiendo en todos los frentes posibles en aras de poder obtener un merecido lugar en el ya de por sí limitado panorama jazzístico español. Un luchador brigadista (como quien diría) vino a parar a un programa radiofónico que por entonces yo hacía a muy tempranas horas para el jazz. En su mano esgrimía un CD pues su misión era la de hacerse valer a través de ésta su primera grabación "Tatá", un disco que lleva registrada la huella de su país de origen: Colombia. Bien. El que la sigue la consigue (y me alegro de ello), y éste es ya el segundo trabajo a su nombre. No son muchos los que pueden presumir de dos discos editados bajo su propio nombre.

La guitarra es un instrumento que atrae a los imitadores. Hoy día el que no suena como Wes Montgomery recuerda a Pat Metheny; el que no plagia a John Scofield sugiere a Bill Frisell. Por eso espero que tras la escucha del disco que tienen entre sus manos estén de acuerdo conmigo: Juan evita el peligro de las imitaciones tan recurrente en un instrumento como es la guitarra partiendo de su personal modo de componer. Leí hace poco en una entrevista a Brandford Marsalis cómo este saxofonista comentaba que los standars de jazz son el modo por el que se juzga tu crecimiento y madurez como músico, pero que posteriormente a esa etapa de aprendizaje necesitas tocar tu propia música, desarrollar tu propio repertorio. Juan se aferra a esa máxima; desde que le conozco, siempre le he oído interpretar sus composiciones, exprimiendo con ello su identidad musical para sacarle toda el jugo posible.

Pero déjenme que les hable de algo que me llama la atención en este disco: la premeditada elección de los títulos de los temas. Frecuentemente el proceso creativo de un compositor de jazz instrumental parte fugazmente de un estado de ánimo, las más de las veces ni eso: los hay que incluso recurren a una aleatoria combinación de notas (como quien diría, la cuenta de la vieja) para componer la melodía acertada sobre la que basar la composición, para luego arreglarla y hacer del resultado el tema. Tras dicho proceso, la duda: "¿qué título darle al tema? Tal vez si le doy un rótulo muy sugerente se pueda mediatizar demasiado al oyente". La mayoría podrían solventar sus problemas como lo haría Marcial Solal quien llegó a titular sus trabajos como, por ejemplo, "Improvisación Nº83". Juan sin embargo basa sus composiciones en títulos con una importante carga específica. Se diría que empieza a componer con el título en la cabeza. Y de ahí salen títulos tan pertubadores como "Sarajevosrebrenica" o "¿A dónde van las almas? (En Ruanda)" o tan sugestivos como "Las imaginaciones de Faruk el solitario" o "La balada de la Brigada Lincoln", vivaces como "El cascador de avellanas, Cazador de lagartijas, Terror de patos" o "Oda al oso polar", itinerantes como "Relato de un viaje" o "De la vida de los elefantes"; en definitiva títulos que sugieren ser comparados con la música que personifican, ya que sirviendo de referencia pueden brindar una valiosísima información al oyente.

No sé lo que pensarán ustedes de las notas de la portadilla de un disco. La mayoría de las veces yo mismo me pregunto para qué sirven y de dónde ha salido el tipo que firma el comentario. Comparémoslas con la recomendación que hace un amigo de la última película que ha visto: una vez que hemos entrado en el cine nos olvidamos por completo de la exhortación y entonces tan sólo nos fiamos de nuestros sentidos. Porque al final frente al poder de la música las palabras solo se quedan en eso, en palabras. Ahora queda escuchar: ¡su turno!

Alejandro Cifuentes



Estoy muy contento con este disco, el segundo del quinteto. Cierra un ciclo de varios años de búsqueda y de lucha por la supervivencia. Y además, el resultado, la música que hay en él, me gusta. La música de las composiciones y la interpretación musical de los amigos que participaron en su realización. Porque cada obra musical se define por su sonido, le vida y la magia que es capaz de proyectar a quien la escucha, y aquí hay momentos mágicos, llenos de vida, algunos muy bellos e intensos. El solo de bajo de Miguel en "El cascador de avellanas..." transmite una sensibilidad y delicadeza que atrapan al oyente desde la primera frase. El lirismo de Fernando en "Sarajevosrebrenica" o en "Una tarde con Damián" se apodera del espacio y lo inunda por completo. El solo de órgano de Alejandro en "¿A dónde van las almas? (En Ruanda)" es de una intensidad y fuerza que expresan perfecta y casi dolorosamente la intención de la composición. Y por encima y alrededor y detrás de todo eso está la batería de Sergio, abriendo caminos, sendas y espacios, con total dominio de las dinámicas, los niveles y los detalles. Mientas tanto, Tommy añade a las composiciones donde aparece, un brillo y una profundidad rítmica espléndidos, como en la ya citada "Sarajevosrebrenica" o en "Aventura en Santa María".

Pero además de la música están los títulos de las canciones, con un origen o una razón de ser muy definidos. John Damian me enseñó mucho sobre la guitarra y la música. Los osos y los elefantes la majestuosidad de sus movimientos y la importancia de su existencia. Desgraciadamente, temas como "Sarejevosrebrenica" y "¿A dónde van las almas? (En Ruanda)", son expresiones de la consternación estupor e indignación ante la barbarie y el sufrimiento que algunos seres humanos son capaces de causar a otros. "La balada de la Brigada Lincoln" representa la admiración y la gratitud por la solidaridad y el compromiso personal de individuos que pusieron en suspenso y arriesgaron sus vidas para luchar contra esa barbarie. "Aventura en Santa María" responde a la fascinación producida por la lectura de las obras de Juan Carlos Onetti. Finalmente, "El cascador de avellanas..." fue compuesta para mi hijo Daniel cuando tenía tres años y se dedicaba a esos menesteres.

Juan Camacho


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